jueves, 9 de agosto de 2007

LA 'HORMOMA DE LA SACIEDAD' ELIMINA EL PLACER POR COMER
N. Ramírez de Castro
La obesidad avanza como una epidemia y los científicos se esfuerzan en conocer los mecanismos que regulan el control del apetito, la sensación de saciedad y, en definitiva, el peso de cada individuo. Hoy, en la edición 'on line' de la revista 'Science', investigadores de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, dan un paso más en desentrañar el complejo proceso que conduce al sobrepeso.

Han demostrado que la leptina, una hormona conocida por su capacidad para suprimir el apetito, actúa sobre los centros cerebrales del placer. Los tratamientos con leptina facilitan la pérdida de peso al disminuir la satisfacción que se obtiene con la comida, según un estudio.

Si existe una hormona involucrada en el control del hambre, es la leptina. Producida por las células de la grasa, circula por el torrente sanguíneo para alcanzar el cerebro e informarle de la energía que tiene almacenada el organismo. Posee propiedades supresoras del apetito, razón por la que su ausencia produce una obesidad difícil de mantener a raya con una simple dieta. Las personas que no fabrican leptina, por padecer ciertas mutaciones genéticas, comen con exceso, todos los tipos de comida, sin ningún control.

PROCESO BIOLÓGICO

Las inyecciones de esta hormona consiguen controlarlo: favorecen la sensación de plenitud y les hacen ser más selectivos con los alimentos.

Para su estudio, la Universidad británica contó con dos pacientes de estas carácterísticas: un chico de 14 años y una joven de 19 años, aquejados por un raro trastorno que les impide producir leptina. Las imágenes se obtuvieron, antes y después de que recibieran una terapia con la hormona.

También controlaron su actividad cerebral mientras les enseñaban fotos de comida. Antes de la inyección de leptina, los escáneres mostraron cómo la comida iluminaba el estriado ventral, una de las zonas cerebrales de recompensa y placer. Cuando los chicos eran tratados, la respuesta a la comida en esa zona se reducía. Sin tratamiento, el estriado ventral se 'iluminaba' en el escáner ante la visión de una tarta de chocolate o un plato de brócoli, aunque hubieran comido recientemente. En individuos sanos, el centro del placer sólo se activaba cuando estaban hambrientos.

Las rutas que controlan la saciedad y los procesos cerebrales que nos llevan a desear la comida está dirigida por un proceso biológico. Y la leptina tiene la clave. La leptina no es la única hormona que participa en el control del apetito.

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